La vida de Eugenio y como un momento pudo cambiarlo todo
Ahí estaba yo a punto de morir, recordando los
mejores momentos que había pasado... Sin embargo al hablar de estos momentos no
puedo olvidar el suceso que marco mi vida.
Todo empezó cuando a mis 14 años me mudaba a la
ciudad de Loja después de que mi madre Lola haya fallecido en un accidente automovilístico,
con mi padre nos dispusimos a empezar una nueva vida.
Llego el primer día de colegio estaba un poco
asustado, pues no conocía a nadie, entonces mientras buscaba mi aula de clases
vi pasar a una linda chica que de inmediato capto mi atención, por lo que distraído
no logre encontrar mi clase, ya eran las 7:20 a.m.
Me hicieron presentarme pues era el chico nuevo,
entonces en medio de la explicación forzosa a la cual fui expuesto recordé la
muerte de mi madre: estaba como siempre viendo la tele mientras mi papa trabaja
en su cuarto, sonó el teléfono mi papa contesto y lo único que escuche fue un
grito, aquel grito nunca lo olvidare, todo fue muy confuso, llegaron mis
familiares y amigos, el centro de atención era mi madre, pero ella no estaba
viva, un accidente en la vía Cuenca-Loja le arranco la vida a mi madre.
Antes de salir al recreo se me acercaron dos
chicos Federico y Francisco, nunca pensé que un partido de futbol iba a ser el
inicio de una gran amistad. Con el pasar del tiempo fuimos compartiendo buenos
y malos momentos, entretanto que mi amor por la chica a la que vi por primera vez
cuando llegue al Colegio Wilmer Alicea seguía
creciendo. Su nombre era Gabriela, déjenme contarles un poco de ella: era una
chica de estatura mediana, tenía el cabello negro azabache con unas ligeras
ondulaciones, los ojos más hermosos que había visto color miel, era tan
delicada que provocaba ternura.
Poco a poco empecé a charlar con ella, era algo tímida,
los primeros temas de conversación fueron sobre mi anterior vida, aquella que quería
olvidar, fue extraño le tenía mucha confianza pese a que no la conocía,
Gabriela demostró ser una chica comprensiva y muy buena para aconsejar.
Quería invitarle a salir y para serles sincero no tenía la
menor idea de que hacer, mis amigos me aconsejaron, Francisco nunca fue un
chico de relaciones serias así que sus consejos fueron muy banales, hubo una frase que nunca olvidare “a todas las
mujeres les pica”, al contrario de Francisco, Federico era muy sentimental y
sus consejos fueron los mejores para lo que yo sentía en aquel momento.
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